Los judíos arribaron a la Argentina en cuatro etapas que se distribuyeron desde mediados del siglo XIX hasta poco después de la creación del Estado de Israel, en 1948. Muchos de ellos llegaron al barrio de Once, o Plaza Miserere, donde se instalaron en comercios mayoristas y minoristas.
Llegados tanto desde los países del norte de Europa, los ashkenazi, como los de España, o Sefaradíes, lograron constituirse como la comunidad judía más importante del mundo de habla hispana y la sexta en la diáspora.
Los restaurantes de comidas judías para los no judíos comenzaron a surgir no hace muchos años, pero la variedad de ingredientes, la forma de cocción y los sabores conquistaron definitivamente los paladares de los porteños. Incluso uno de ellos, Mishiguene, ha logrado colarse entre los 50 Mejores Restaurantes de América Latina. Todo un orgullo para el joven chef Tomás Kalika.

La oferta de comida árabe y armenia se concentra en los barrios de Palermo y Villa Crespo. Allí fue donde se radicaron los inmigrantes provenientes del Líbano, Siria, Palestina, Armenia y Egipto, en menor medida, que aportaron los platos de su tierra natal, preparaciones sencillas y perfumadas a base de trigo burgol, anís, arroz, tomate, cordero, menta, sésamo, ajo morrones, garbanzos y un infinito surtido de especias.
De un tiempo a esta parte también pueden verse en pleno Microcentro de la ciudad algunos locales que ofrecen el tan famoso Shawarma que es tan popular en ciudades como Nueva York o París.
